Buen vivir

El Buen Vivir es una propuesta de reorganización de nuestras sociedades, nacida de los pueblos originarios de Abya Yala (tierra de sangre vital, el nombre precolombino de nuestro continente). ¿De qué se trata? Nace de la comprensión de que nuestra sociedad, que es hoy más global que nunca, vive una crisis múltiple: ambiental, climática, alimentaria, energética, laboral, de desigualdades, financiera, de los sistemas Estado-partidos, de violencias, de los cuidados y de individualismo. Toda una crisis de civilización.

Frente a este reto histórico, el Buen Vivir propone y avanza en una reestructuración de la vida social desde la lógica de la sostenibilidad y la solidaridad. No se trata de crecimiento de la producción y el consumo, como tanto promueven los gobiernos y empresas. ¿Por qué? Porque la huella ecológica de la persona promedio a nivel nacional y mundial ya es mayor al que el planeta puede aguantar a mediano plazo, porque estamos arruinando el clima y porque después de más de dos siglos de crecimiento exponencial desde la Revolución Industrial no hemos avanzado en la equidad. El Buen Vivir se trata de mejorar la vida en su calidad con prácticas naturales, culturales, políticas y económicas basadas en la sostenibilidad, el respeto, la reciprocidad, la convivencia, la inclusión, la cooperación, la equidad, la interculturalidad, y una auténtica democracia.

En la práctica, el Buen Vivir es realizar acciones específicas para disfrutar juntos de una vida digna, sencilla en lo material y abundante en lo humano y lo natural:
– gestión y aprovechamiento colectivos de bienes naturales,
– disfrute y conservación de la biodiversidad,
– economía solidaria y sustentable,
– consumo sostenible, solidario y más colectivo,
– uso de energías limpias y renovables,
– alimentación sana, producción alimentaria orgánica y campesina,
– desarrollo y uso de conocimientos científicos y tradicionales,
– diálogo activo entre las culturas originarias y las “modernas”,
– artes y comunicación libres y democráticas,
– educación integral para ser, saber y hacer,
– respeto de las diversidades humanas,
– equidad de género,
– inclusión social y
– democracia participativa y directa.

Evidentemente, el reto es grande y el camino será largo. Pero hoy lo enfrentamos con dignidad, con esperanza y con mucho gusto. Es hora de construir un cambio que no sea sólo propaganda, un cambio civilizatorio para la felicidad de todas y todos.

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